[General ] 28 Noviembre, 2006 10:27
Los amantes Hoy te vi llorar y me dolió en el alma porque tu llanto era de tristeza y no de alegría, y casi sin quererlo vinieron a mi mente esos momentos en los que yo te hacía feliz, en los que compartimos más que una amistad, cuando nos volvimos cómplices para amar.

Sé también que te hice mucho daño, que al separarnos se rompió mi corazón y me llevé de paso el tuyo. Quise enmendar mi error y lo único que logré fue seguir lastimándote.

Hoy te vi llorar sé que no soy yo quien provoca la humedad en tus ojos, pero también sé que no me dejarás hacer nada por enmendarlo.

Ya no hablas conmigo, no me abres tu corazón como antes, sólo soy una persona más que se cruzó en un instante por tu camino y nuestro ciclo terminó casi tan abruptamente como comenzó.

Está de más decir que te quiero porque tú ya no me crees y para ti ya nada soy. Sin embargo te agradezco todo lo que contigo aprendí, pues gracias a ti descubrí una nueva cara del amor.

Hasta siempre, hasta pronto, hasta mañana...

¡Hasta nunca!

[General ] 13 Noviembre, 2006 21:14
Los amantes Dejé de buscarte, dejé de pensarte, dejé de sentirte y así poco a poco te separaste de mí, no sé bien por qué o cómo fueron cambiando las cosas, de pronto llegó un momento en el que sólo fuimos un par de extraños que compartían por costumbre los mismos espacios.

Buscaba tus ojos, buscaba tus manos, buscaba tu sombra y hasta tu voz, pero sólo encontraba un inmenso vacío, una indiferencia que me mataba poco a poco.

Un día decidí alejarme, huir de ti porque estando a tu lado sentía mil puñaladas en cada latido en que tu corazón no se acompasaba con el mío.

Hice mi maleta, empaqué murmullos y suspiros, besos, abrazos, caricias, empaqué tu esencia pues aunque quería alejarme sabía que no sería capaz de vivir sin ti.

Cayó la noche, me cubrió con su manto sutil, mis ojos se cegaron y tú llegaste. Desnudando tu alma te metiste en la cama, tus manos dibujaron mi figura, voltee a mirarte, llovía en tus ojos, no sé que pasaba, comencé a devolverte las caricias, me tenías embelesada y entonces hablaste.

Te quiero - dijiste.
Y yo no te creía.
Te quiero - dijiste una vez más al tiempo que me atraías hacia ti.
Te quiero mucho - dijiste ahora - te quiero mucho mucho, y si lo digo una veza más te diré que te amo.

Mis ojos suplicaron dilo una vez más, dilo diez veces, cien, hazme creer, hazme confiar, necesito tener fe en ti, necesito una buena razón para no alejarme de ti.

Entonces tomando mi rostro entre tus manos dijiste:
Te amo, te amo tanto, te amo mucho, te he amado siempre y por siempre te seguiré amando.

Y yo te creí, me quedé acurrucada junto a ti, sentí que era verdad que siempre me habías amado, comprendí que yo también me había alejado y decidí a partir de ese instante permanecer siempre junto a ti.

[General ] 08 Noviembre, 2006 21:49
Noche en la ciudad La desesperación era total, las almas que poblábamos el interior del dragón no sabíamos qué hacer, hacia dónde dirigirnos, no había nadie que pudiera hacerse cargo del grupo, definitivamente creíamos que sería nuestro fin.

El dragón corría despavorido, como si se hubiera tragado una bola incandescente, y hasta cierto punto eso era, nosotros veníamos en una aeronave que al paso de las horas y al contacto con los ácidos del estómago del dragón se iba inflamando, nosotros seguíamos sumidos en la desolación.

A cada paso dábamos tumbos en las entrañas de la fiera, necesitábamos salir de ahí, era algo imperativo, de pronto a uno de nosotros se le ocurrió que tal vez bajando el tren de aterrizaje seríamos capaces de herir al dragón de tal modo que pudiéramos escapar.

Así lo hicimos, un par corrieron a la cabina de mando… la nave estaba completamente automatizada, pero había controles para situaciones de emergencia. Bajamos pues el tren de aterrizaje provocando un agudo dolor en el vientre de la bestia que se paró en seco, provocando que algunos de los tripulantes nos golpeáramos contra el interior de la nave.

De pronto todo fue quietud, alguien atinó a abrir una de las salidas de socorro, tal como habíamos calculado, nuestro tren de aterrizaje era tan largo que partió en dos la piel del dragón, fuimos saliendo de uno en uno azorados ante lo que veían nuestros ojos.

No podría decirles si el dragón voló, o si corrió tan rápidamente que cambió la geografía que habíamos visto cuando estábamos a punto de aterrizar. Ahora era de noche, pero no había farolas multicolores, estábamos en el campo abierto, hacía un frío que calaba hasta los huesos, nuestra brújula había perdido el norte y nuestro GPS hacía tiempo que dejó de funcionar pues el software no soportó las altas temperaturas que imperaban en el vientre del dragón.

Nosotros estábamos habituados al calor, mas no al frío, así que salir al campo como dije antes nos heló hasta los huesos, nuestro refugio con “calefacción” era la aeronave dentro del dragón.

Decidimos pasar ahí la noche, acurrucados unos contra otros para darnos calor, al cabo confiábamos en que pronto amanecería y con el nuevo día podríamos tener calor exterior y una ubicación más precisa de dónde nos hallábamos.

A la mañana siguiente unos tímidos rayos de sol penetraron en la penumbra de la aeronave y comenzamos a espabilarnos, salimos sin miedo ya, pues la mera presencia del sol nos aseguraba que encontraríamos calor suficiente para estar fuera.

El campo se extendía más allá del horizonte, pero no se veían caseríos, ni una choza, ni media construcción derruida, verde y más verde, sólo verde. ¡VERDE! con lo que detestábamos todos ese color, no podría ser rojo, amarillo, azul… ¡no! todo era verde, un verde que hería nuestras pupilas, no teníamos escapatoria, el verde se cernía a nuestro alrededor como una gran amenaza.

Decidimos que no podíamos continuar ahí, fabricamos unas gafas que filtraban el color verde, tomamos las pocas provisiones que quedaban en la aeronave y decidimos emprender nuestro camino.

Sabíamos que al este y al oeste había mar, así que calculando las distancias que habíamos recorrido y confiando en que no tuviéramos un gran margen de error nos encaminamos hacia el este, confiábamos en que sobre ese rumbo al cabo de un par de días encontraríamos el mar.

Nuestro recorrido fue bastante accidentado, está demás decir que pasamos por montañas y valles, por lugares semiáridos, de pronto comenzamos a ver civilización, personas que se nos quedaban mirando como si fuéramos de otro planeta, pero lo que en realidad sucedía es que la larga travesía había causado estragos en nuestra piel, los niños se acercaban sin temor, intentaban charlar con nosotros, pero no entendíamos su lenguaje, nos limitábamos a sonreír.

Más adelante la gente empezó a compadecerse de nosotros, nos ofrecían alimento y nosotros aceptábamos gustosos ya que nuestras provisiones se estaban agotando rápidamente, seguimos caminando, los pies nos dolían, los teníamos medio deshechos, pero la única forma de comunicarnos con los nuestros era llegar al mar.

Al cabo de una semana por fin empezamos a divisar algo parecido al mar en el horizonte, nuestro olfato percibía el aroma de la sal, nuestros oídos escuchaban la música de las olas, y continuamos cada vez con más ahínco para llegar a donde pertenecíamos.

Nos reunimos en la playa, nos abrazamos con gusto por haber logrado nuestro cometido, nos zambullimos entre las olas y nos sentimos vivos, nuestra piel se caía a pedazos pero se renovaba con gran rapidez, nos transformamos, volvimos a ser nosotros mismos, emitimos sonidos dentro del agua para que nuestros compañeros vinieran a nuestro encuentro.

La gente acudía desde sus casas, era un espectáculo vernos chapotear en el agua, sintiéndonos vivos, sintiendo como la muerte se alejaba cada vez más de nuestros cuerpos y que la vida simplemente fluía dentro de nosotros.

Una manada de delfines llegó a nuestro encuentro, nos sentimos entre hermanos, cabalgamos sobre su lomo hasta el anochecer y llegamos por fin a casa.

Nunca olvidaremos esa travesía que nos dejó marcados de por vida, no podremos desaparecer de nuestra memoria a la gente que nos ayudó en nuestro camino, siempre recordaremos la inocencia de los niños que a pesar de nuestro aspecto se acercaban e intentaban charlar con nosotros.

En nuestro hogar nos recibieron con júbilo, la expedición había tardado mucho más de lo previsto y algunos habían perdido la esperanza de vernos de nuevo. Yo me sentí plenamente feliz cuando pude estrechar entre mis brazos a mi mujer y a mis 6 hijos. El viaje había terminado, y yo que había dudado en algunos instantes sobre el rumbo de mi vida, estaba de nuevo entre los míos, agradeciendo a quienquiera que esté allá afuera observándonos, el que nos permitiera regresar a casa con bien.

[General ] 08 Noviembre, 2006 12:17
Noche en la ciudad La gran ciudad iluminada por farolas de colores palidecía ante los bellos tonos del atardecer, hacia el horizonte los tonos rojos del sol que se despedía de un día más, parecían evocar un dragón hambriento, lanzando llamas para engullir de un solo bocado la gran urbe que se extendía a nuestros pies.

Nada podría habernos preparado para los momentos siguientes, de pronto todo se oscureció, adentro y afuera sólo penumbra, más que penumbra, oscuridad total, no podíamos ver ni el contorno de nuestras narices.

El dragón no era imaginario, había despertado, y no sólo eso, aprovechó el momento del crepúsculo para engullirnos, estábamos entre sus tripas, un ruido ensordecedor amenazaba con hacernos perder la razón. De pronto comenzamos a echar de menos las épocas en las que un fiero y bravo caballero a caballo se enfrentaba con sólo una lanza y una espada para combatir contra los poderosos dragones que asolaban los pueblos medievales.