Hoy me pasó algo muy extraño, hablaba con un amigo a quien tengo relativamente poco tiempo de conocer, comenzamos a jugar con palabras como es nuestra costumbre, cuando de pronto me soltó un: “me gustas”

Prometo que lo primero que pasó por mi mente fue una gran emoción, una emoción que hizo que los ojos se me llenaran de lágrimas. Hacía tantos años que no escuchaba algo parecido que me estremecí.

Después hablamos de manera más racional, sin dejarnos llevar ya por la emoción del momento, apreciamos mucho nuestra amistad, creemos de hecho que una amistad puede ser más grande que un amor de pareja, la distancia es tanta entre los dos que hemos decidido de común acuerdo apostar por la amistad, lo que no significa que las cosas cambiarán ni mucho menos, seguiremos charlando, compartiendo, haciéndonos mutuamente felices, cada uno desde su lado del mundo, desde el teclado de su ordenador.

Hoy quiero compartirles esto porque mi corazón sigue vibrando de emoción, y aunque ya no hay lágrimas en mis ojos, siempre recordaré este día en que un amigo me ha hecho inmensamente feliz.

Gracias E. L. por existir.