Camino final Hace quince días, la muerte pisó mi casa, gracias a Dios no se llevó a ningún miembro humano de la familia, sino a Terra.

Terra era una cocker de 7 años, había estado desde cachorrita con nosotros, siempre cuidándonos, pues a pesar de su escaso tamaño, era quien más fiestas nos hacía y quien dado el caso más nos defendía de los demás. Confieso que llegó a morderme un par de ocasiones, pero era su manera de jugar, o al menos así lo entendía yo, sin embargo cuando me mordía, me daba tanto sentimiento que hasta las lágrimas se me saltaban, no por el dolor causado por la mordida, sino por la ingratitud que yo sentía de ese animalito.

En sus últimos días ya estaba malita, a raíz de que la atropellaron, ya no podía brincar ni hacernos tanta fiesta, pero seguía queriéndonos y demostrándolo... dormía a la puerta de la casa, intentando defenderla con su cuerpecito de todo mal. Unos días antes de que la muerte viniera por ella, recuerdo que se cayó a la alberca y yo estuve cepillándole el cabello para que se le secara y por primera vez en su vida, se dejó sin rechistar.

Una madrugada, silenciosa y sigilosamente, la muerte se asomó a la casa, viéndola descansar tan tranquila a la puerta, se le ocurrió que era momento de que Terra descansara y volviera a retozar como antes, sólo que ahora en el Cielo perruno, y así fue, despacio y sin avisar Terra abandonó este mundo.

Cuando la encontraron en la madrugada, todos acudimos a ver qué sucedía, sobra decir, que todos derramamos unas cuantas lágrimas y nos despedimos en silencio de esa fiel guardiana.

Pero, anoche, la muerte hizo otra vez acto de presencia en nuestra casa, ahora se llevó a Mafalda, hija de Terra, y se la llevó de una manera totalmente distinta. Aún no sabemos qué sucedió, y probablemente jamás lo sabremos bien a bien, la encontraron mojada, mordida, sangrante y sin vida. Esta vez la muerte no vino descalza, sino con botas de punta de acero, a terminar con lujo de violencia la vida de Mafalda, una perra que tenía un carácter dulce y amoroso, que siempre procuraba complacerte y hacerte feliz, que lo mismo se lanzaba a tus brazos que te movía la colita inquieta pidiéndote atención.

A la más pacífica de todas, se la llevó la muerte con lujo de violencia. La familia estaba conmovida, todos, desde mi padre hasta la más pequeña de mis hermanas estaban desolados, lloraban y sufrían porque una muerte violenta no se le desea a nadie, y yo me quedé en shock... y creo que aún sigo un poco en shock, pero así es la vida, y así es también la muerte... y no hay nada que podamos hacer al respecto.