Abrazo Volviendo a los ingredientes fundamentales del amor, nos topamos con el contacto físico; el tan conocido apapacho que puede darse y recibirse de distintas formas.

Para mí el contacto físico comienza con el contacto visual, mirando a la gente a los ojos es como nos damos cuenta si tenemos o no carta abierta para seguir adelante con el apapacho.

Se ha manejado en diferentes ocasiones que los ojos son el espejo del alma y por esa misma razón son la llave para entrar al alma.

Cuando la mirada es devuelta y nos damos cuenta de que hay receptividad, es cuando podemos comenzar a acercarnos, un roce accidental y luego otro provocado, un contacto piel a piel, mano a mano, rostro a rostro, un decir con las manos el cariño que sentimos.

Una pareja de enamorados se toma de las manos, se miran de frente, se acarician la cara, transmiten amor y calor humano a través del contacto físico y después viene mi parte favorita: “los abrazos”.

Abrazar, rodear con los brazos al otro, decirle en el cuerpo a cuerpo que estás ahí, que es una persona importante en tu vida, que eres su protector, su amigo, su apoyo y muchas cosas más, pueden comunicarse en un abrazo.

Hay varias clases de abrazo, no es igual el que nos dan mamá y papá que el que damos a los hermanos, amigos amantes, y ¿por qué no? a las mascotas…

El abrazo es una muestra de solidaridad, nos permite proteger y ser protegidos, y algo más que es verdaderamente sensacional: quien abraza recibe por lo general un abrazo como respuesta. ¡Qué gran muestra de amor y reciprocidad!

No imagino qué puede haber más gratificante y con una recompensa más inmediata que dar o recibir un abrazo, es la culminación del contacto físico, la manifestación más perfecta y completa del cariño.

Yo los invito a que vayamos por la vida dejando huella, dando abrazos, dando amor, y así poco a poco seremos capaces de ir haciendo más amable (digno de ser amado) este mundo en el que nos ha tocado vivir.

Un abrazo grande y fuerte a quien pasee su mirada por estas líneas.