Los amantes Dejé de buscarte, dejé de pensarte, dejé de sentirte y así poco a poco te separaste de mí, no sé bien por qué o cómo fueron cambiando las cosas, de pronto llegó un momento en el que sólo fuimos un par de extraños que compartían por costumbre los mismos espacios.

Buscaba tus ojos, buscaba tus manos, buscaba tu sombra y hasta tu voz, pero sólo encontraba un inmenso vacío, una indiferencia que me mataba poco a poco.

Un día decidí alejarme, huir de ti porque estando a tu lado sentía mil puñaladas en cada latido en que tu corazón no se acompasaba con el mío.

Hice mi maleta, empaqué murmullos y suspiros, besos, abrazos, caricias, empaqué tu esencia pues aunque quería alejarme sabía que no sería capaz de vivir sin ti.

Cayó la noche, me cubrió con su manto sutil, mis ojos se cegaron y tú llegaste. Desnudando tu alma te metiste en la cama, tus manos dibujaron mi figura, voltee a mirarte, llovía en tus ojos, no sé que pasaba, comencé a devolverte las caricias, me tenías embelesada y entonces hablaste.

Te quiero - dijiste.
Y yo no te creía.
Te quiero - dijiste una vez más al tiempo que me atraías hacia ti.
Te quiero mucho - dijiste ahora - te quiero mucho mucho, y si lo digo una veza más te diré que te amo.

Mis ojos suplicaron dilo una vez más, dilo diez veces, cien, hazme creer, hazme confiar, necesito tener fe en ti, necesito una buena razón para no alejarme de ti.

Entonces tomando mi rostro entre tus manos dijiste:
Te amo, te amo tanto, te amo mucho, te he amado siempre y por siempre te seguiré amando.

Y yo te creí, me quedé acurrucada junto a ti, sentí que era verdad que siempre me habías amado, comprendí que yo también me había alejado y decidí a partir de ese instante permanecer siempre junto a ti.