Fragilidad Después de mucho darle vueltas, de preguntar a amigos y conocidos, de romperme el coco tratando de descifrar el misterio llegué a una conclusión:

“AMAR ES UN ACTO DE FE”

Claro que ahora vendrán infinidad de preguntas tratando de deducir cómo es que llegué a esa conclusión tan categórica y tan tajante, y bueno, visto lo visto, trataré de dar mi versión de los hechos, que tal vez no sean hechos, sino más bien una serie de alucinaciones que emanan de una mente y un corazón convencidos de que lo único que le falta a este mundo para ser mejor es una gran dosis de AMOR.

El AMOR por intangible requiere de una gran fe para podernos creer que existe, necesitamos tener confianza en que todas las cosas que nos rodean son frutos del amor, cuando uno comienza a creer en el amor, es cuando todo va tomando otra perspectiva y somos capaces de sentirnos más contentos, más relajados, menos temerosos, menos inseguros.

Cuando una persona carece de amor, cuando por desventura no lo ha conocido, es incapaz de reconocerlo en sus manifestaciones más puras y más sencillas. Imagínense un rosal una plantita medio feúcha, llena de espinas, a punto de morir de sed, ahora imaginen que viene la lluvia y derrama sus gotas salvadoras sobre ese rosal, la humedad de la tierra provocará que nazcan bellas flores en esa planta que de inicio se nos antojaba medio fea, flores llenas de un delicioso aroma que atraen por igual abejas, avispas, mariposas y colibríes, ¿en dónde estuvo el primer gesto de amor? Probablemente en la lluvia, porque cuando llueve el agua no se fija dónde va a caer, simplemente se derrama, y así como puede ser benéfica, en exceso (como todo) puede hacer mucho daño. El agua no distingue, sólo cae, y en ese acto de caer hace una donación de sí misma. El siguiente acto de amor está en la tierra que al humedecerse brinda sus nutrientes a la planta, las raíces se abrazan a la tierra para así servir de transporte al alimento que al cabo de varios días permitirá que nazca una bella rosa en nuestra plantita.

Sin embargo, cuando la persona que admira el rosal no sabe nada del amor, difícilmente podrá pensar que para que nazca esa flor hubo varios actos de amor de por medio, tal vez admire la belleza, pero no siempre en la belleza está el amor.

Por eso quienes conocemos el amor porque nos sabemos frutos de él, tenemos la encomienda de enseñar a los demás lo que es el amor y también lo que no lo es. Muchas veces nos da por confundir el amor con otras cosas como la pasión, la simpatía, la belleza, la vanidad, la locura, el dolor… si bien es cierto que el amor puede componerse de todas estas cosas (y otras más), es importante saber que por sí solas todas estas cosas no son amor. Digamos pues que el amor nace de la alquimia entre muchos ingredientes y también me atrevo a decir que para cada uno la fórmula es distinta, porque el amor puede presentarse de muchas formas, hacia muchas criaturas, y no por eso deja de ser amor. Eso es justamente lo más interesante del asunto, que al hablar de amor no me refiero exclusivamente del amor de pareja, sino a cada gesto cotidiano que nos permite reconocernos parte de un mundo pleno de amor.

Gestos cotidianos son tantos como una sonrisa al pasar, un abrazo, un buenos días, un amanecer, un atardecer, un día soleado, un día lluvioso, la noche, las estrellas, el ladrido amistoso de un perro, el maullido de un gatito, una flor que se asoma tímida a nuestro jardín, una mariposa que revolotea por ahí batiendo sus alas y llevando su “polvo de hada” a donde quiera que va.

¿Ven? El amor está en todos lados, sólo es cuestión de abrir bien los ojos del alma para poderlo apreciar, porque sucede muchas veces que los ojos del rostro están tan contaminados de la vida que a veces se vuelven ciegos a las manifestaciones más sencillas del amor, y hasta tienden a confundirlo con otras cosas.

Para abrir los ojos del alma necesitamos creer, por eso digo que amar es un acto de fe, porque así como no se puede creer sin ver, tampoco seremos capaces de abrir los ojos del alma si no creemos para empezar que el alma tiene ojos que ven todo desde una óptica distinta, que no necesitan de luces y sombras, sino solamente del sentimiento.

Amar es un acto de fe porque cada vez que me empeño en hacer algo con amor, primero tengo que creerme que lo hago desinteresadamente, con el único afán de dar un trocito de mí a las personas que están a mi alrededor, tengo que creerme (y saberme) capaz de amar, tengo que creer que el principal combustible de este mundo es el amor, y por tanto en la medida en que lo doy a los demás, estoy ayudando a que este mundo gire de una forma más armoniosa, y podamos vivir en paz unos con otros.

Creo en el amor, sé que el amor existe.
Creo en el amor, sé que puedo darlo a todos.
Creo en el amor, sé que soy amor.
Creo en el amor, sé que así también se llama Dios.
Creo en el amor, sé que tú también crees en él.
Creo en el amor, sé que juntos lograremos llevarlo a los demás
Creo en el amor, sé que por amor se ha hecho todo cuanto existe en el mundo.
Creo en el amor, sé que soy capaz de crear amor, de dar amor, de ser amor.
Creo en el amor, gracias Dios Mío por permitirme creer en Ti y formar parte de Ti.

“Donde hay amor, ahí está Dios”
“Cuando dos o más se reúnen en Mi Nombre, ahí estaré Yo en medio de ellos”
“Lo que hagas al más pequeño de mis hijos, a Mí me lo haces”
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
“Dios es amor”

Gracias Señor por darme la FE para creer en el AMOR y para ESPERAR que ese gran amor que anhelo pronto llegue a mi existencia.